Primera Luz

Azul atómico, ciego de las aves
que caerán de las nubes entre la espuma.
Mi ventana se sostiene con precisión cuantitativa
por el vacío robado al aire y así enumera
las nubes aplastadas, la necesidad de los aviones
las azoteas plagadas de lentas señales.
Y hoy, quizás, una aproximación de agua
asome tiritando sobre los mismos cuerpos
por el íntimo espacio en que nos habitamos.

Ay!, sábanas desnudas como señoras:
si las palabras pudieran hablar y yo estuviera despierto.
Sábanas desnudas, te digo, y yo todavía cosiendo
dos alas de cera prestadas por el sueño.
¡Tanta melancolía sobrevive ahí abajo!
que nadie promete ansiedad de bailes
o persigue los pasos ácidos de la noche
como sonidos que se deslizan por la cristalera.

Ya voy entendiendo los motivos del absurdo,
y a medida que regresa el lenguaje
propagando sus pulsantes repeticiones
así se aleja, rosa de los vientos, mi único equipaje:
las risas de los niños y un largo etcétera,
circulan, resbalan, se pierden por la sesera,
su oficio secreto persigue el tránsito de los peces,
el viaje del eco de vuelta vagabundo.

Entre una hormiga en la sala
trabajando insoportablemente la carne
el extrañamiento de la luz
azul atómico, ciego de las aves.

(© Juvenal Machín Casañas)

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